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EL Cañon del Ebro en Orbaneja del Castillo

El Cañon del Ebro en Orbaneja del Castillo

 

 

Denominación:

Cañón del Ebro en Orbaneja del Castillo.

Descripción:

Profundo cañón de origen fluvio-Kárstico labrado por el río Ebro en calizas y margas del Cretácico superior, dispuestas subhorizontalmente en el páramo de la Lora. El río se entalla más de 200m. y describe un cañón muy angosto, de trazado extraordinariamente sinuoso y paredes verticales. El modelado kárstico ha dado lugar a variadas formas de erosión, espectaculares “tolmos”, la instalación de un importante complejo de cavidades de gran desarrollo, numerosas surgencias y acumulaciones tobáceas (‘tobas de cascada’) que jalonan el perfil de las laderas.

Situación:

Provincia: Burgos.

Municipio: Orbaneja del Castillo.

Accesos:

Partiendo de Burgos en dirección a Santander por la carretera N-623 hasta la localidad de Escalada, desde la que se toma la carretera BU-643 hasta Orbaneja del Castillo.

Unidad morfoestructural:

Plataforma estructural de los Páramos ( Cordillera Vasco-Cantábrica).

Valoración y tipo de interés del punto:

Tipo de rasgo: Geomorfológico e hidrogeológico.

Tipo de interés: Didáctico-divulgativo y turístico.

Grado de interés: Regional.

Valoración: Alta.

Fragilidad: Media.

Medidas de protección-conservación: En la actualidad se está tramitando la declaraci´ñon de Parque Natural para el conjunto: Hoces de Alto Ebro y Rudrón, que pasaría a integrar la Red de Espacios Naturales de Castilla y León. Se trata de un lugar de alta sensibilidad y vulnerabilidad ambiental, por lo que se considera necesario extremar las precauciones en aquellas actuaciones que puedan interferir en el medio hidrogeológico y en la calidad paisajística: aprovechamientos hidroeléctricos, emplazamiento de aerogeneradores, vertidos, etc.

Geología de la zona

El Cañon del Ebro, en Orabaneja del Castillo, se desarrolla en materiales carbonatados del Cretácico superior pertenecientes a la unidad tectónica conocida como Plataforma estructural de los Páramos; unidad constituida por un conjunto de pliegues suaves, que forman amplicas mesas estructurales.

El origen de estas parameras está en relación con una antigua superficie morfológica modelada en la era Terciaria. La excavación del cañón se produjo por incisión fluvial a partir de esta superficie de erosión, que arrasa y nivela las distintas estructuras, formando amplias mesas horizontales, y a favor de una serie de fracturas, que compartimentan el macizo y determinan líneas preferentes de encajamiento del río y permiten un desarrollo más favorable del cañón.

Se trata de un típico cañón fluvio-kárstico recorrido por un río alóctono, el Ebro, que se encaja más de doscientos metros en materiales suavemente plegados del Cretácico superior, constituidos por margas de edad Turoniense en la base, y potentes bancos de calizas y calizas dolomíticas masivas, depositadas en plataformas marinas carbonatadas del Turoniense medioSantoniense inferior, con numerosos fósiles de invertebrados marinos, que forman la cornisa superior del cañón o “cejo”. Son estos tramos calcáreos, que destacan en el relieve, los que sustentan la mayor parte de las formas de origen Kárstico.

 

 

Geomorfología: Formas Kársticas

Valle fluvio-kárstico

El río Ebro, al penetrar en la potente formación de calizas y calizas dolomíticas de las parameras de la Loira, ha tallado un espectacular cañón de trazado extraordinariamente sinuoso, con meandros pronunciados y paredes verticales, que en algunos puntos alcanzan una profundidad superior a los 200 metros, hasta llegar a los niveles impermeables de margas y calizas arcillosas del Turoniense inferior.

Como corresponde a esta parte del curso intermedio del río Ebro, su pendiente es suave y discurre por meandros encajados en donde el valle fluvial describe las mismas curvas que el río. Frente a Orbaneja traza un apretado meandro cuyas dos ramas se hallan separadas por la delgada pared culminada por una cornisa (“Castillo de Orbaneja”), que la erosión diferencial ha modelado danto “tolmos” de gran majestuosidad, de variadas formas y tamaños, y algún puente natural. Son los “camellos” y “muelas” con que se conocen localmente.

Río debajo de Orbaneja, el cañon se entalla en la paramera oriental de la Lora, entre la desembocadura del Rudrón y Pesquera de Ebro, formando el Cañon del Ebro propiamente dicho. El gran farallón muestra aquí una doble cornisa de calizas masivas turoniense-santonienses, que flanquean el recorrido sinuoso del río.

Cavernas y surgencias

En el Macizo calcáreo de Orbaneja del Castillo se instala un importante complejo kárstico en el que existen conductos subterráneos de grandes desarrollos, cuyas bocas se localizan, la mayor parte de las veces, en los verticales cortados del Cañón del Ebro. La cueva del Nispero, con un desarrollo de 2.600 m. es la más importante, por su longitud y formaciones; otras son las cuevas del Agua, del Barbancho, del Azar, Jabalíes y del Aguanal. En estas cuevas se suceden lagos, galerías inundadas a sifones, laminadores, etc., y en ellas; se desarrolla un conjunto de “espeleotemas” de variada tipología.

La Cueva del Agua, que se abre sobre el mismo pueblo de Orbaneja del Castillo, constituye una espectacular surgencia, origen del arroyo que forma la cascada y el edificio tobáceo, por la cual descarga una buena parte del acuífero formado por el macizo calcáreo al encontrar un estrato impermeable en las margas del Turoniense inferior. Su desarrollo, de 200m, está formado por dos sifones de 120 y 80 metros de longitud y muestra en su interior unas interesantes formas kársticas.

 

 

 

Las tobas de cascada

A lo largo de este tramo del valle del río Ebro se presentan una serie de acumulaciones tobáceas (“tobas de cascada”) que jalonan el perfil de las laderas, asociadas por lo general a surgencias kársticas que tienen lugar, de forma generalizada, en el contacto entre las calizas y calizas dolomíticas del Turoniense-Santoniense y las margas del Turoniense inferior. Sobre una de estas plataformas tobáceas es encuentra la población de Orbaneja del Castillo.

En el entorno de esta cascada, que muestra un salto escalonado de casi 100 m de desnivel, se ha desarrollado, y en parte  lo sigue haciendo actualmente, una roca denominada “toba” o “caliza tobácea”. Las tobas son edificios de carbonato cálcico, formados en un medio acuático continental, con el concurso de una comunidad de bacterias, algas, plantas y animales, que inducen la precipitación de cristales de carbonato de calcio, incluso sobre las paredes celulares de los organismos que allí viven, al tomar del agua el CO2 disuelto para realizar la función clorofílica.

Las Tobas se originan por la precipitación de calcita a partir de aguas muy carbonatadas que circulan por conductos subterráneos en macizos calcáreos. Cuando las aguas salen al exterior, en manantiales y surgencias, hay un descenso repentino de presión en el agua circulante al equilibrarse con la presión atmosférica, y el dióxido de carbono ( CO2) se libera; lo que determina una perdida de de la capacidad de llevar carbonato disuelto, y precipita allí donde primero encuentra un soporte en el que los cristales puedan fijarse. Generalmente en vegetales ligados a la salida del agua y también en las superficies de la roca. Durante su crecimiento pueden incluir restos vegetales y alguna concha de gasterópodo. La posterior oxidación y desaparición del componente orgánico vegetal da su textura porosa característica, que representa el modelo externo del vegetal, definido por una capa de caliza micrítica.

 

La formación de la plataforma tobácea que aquí se puede observar tiene unos 20m de espesor y se ha desarrollado durante el Cuaternario reciente ( en los últimos 10.000 años ). Lo que se ve son los restos de un edificio tobáceo formado en una época más húmeda y menos cálida que la presente. Actualmente, la precipitación de carbonatos es muy modesta –sólo se están formando juntos a la cáscada- y los edificios tobáceos no son activos, produciéndose en ellos una degradación erosiva y desarticulación de los mismos que ocasiona desprendimientos.

Predominan las facies de tallos con desarrollo de cascadas, facies de musgos y construcciones estromatolíticas que forman una serie de cubetas y pozas en los tramos inferiores. La distribución de las distintas facies dentro del edificio tobáceo está condicionada por la morfología de la ladera y la dinámica de las aguas, que determinarán la colonización en distintos puntos por parte de las especies higrófilas.