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Monasterio Santa María de Rioseco

STA. Mª. DE RIOSECO, UN HOMENAJE A LAS PERSONAS

Sin duda los restos de este Monasterio ubicado en el Valle de Manzanedo, en las Merindades, son un homenaje a otra época, son un homenaje al paso del tiempo, son un homenaje a la evolución del arte en nuestra comarca, …….., pero Juanmi nos cuenta su SECRETO, el de estas piedras tan cuidadosamente colocadas en un rincón especial del norte de Burgos, hoy en día RIOSECO en un homenaje a las PERSONAS.

Un homenaje a todas esas personas que con su tiempo, esfuerzo, dedicación e ilusión están día a día recuperando la esencia de este emblemático edificio necesario para escribir una parte fundamental de la historia de las Merindades.

Merece la pena visitarlo, y aún merece más la pena recorrerlo con curiosidad y asombrarse a cada paso ante lo que se nos descubre sobre la colina en la que se erige, un lugar a la vez tan casi oculto desde la cercanía como erguido frente a sus vistas abiertas al espectacular paisaje tallado por el Ebro.

 

Muchas gracias a los voluntarios y voluntarias que habéis hecho posible todo esto. Y muchas gracias Juanmi por impulsar esta ilusión conjunta y por enseñarnos el verdadero valor de este tesoro oculto durante tanto tiempo.

 

 

La comunidad que en el siglo XIII se trasladó hasta el Valle de Manzanedo había ocupado un pequeño cenobio en Quintanajuar, en el Páramo de Masa, de donde se trasladaron a finales del siglo XII a San Cipriano de Montes de Oca (La Rioja). Cuando a comienzos del siglo XIII, hacia el año 1204, llegaron al Valle de Manzanedo ocuparon lo que era el antiguo monasterio de Rioseco, perteneciente al patrimonio de la comunidad de Quintanajuar desde el año 1171 en que lo recibieron como donación de los descendientes de Martino Martini de Uizozes [Martín Martinez de Bisjueces].

No existen noticias anteriores de este antiguo monasterio situado en una pequeña explanada al norte de donde se establecieron definitivamente hacia el año 1236, y cuyas ruinas todavía se pueden visitar. En el lugar ocupado por el primitivo monasterio de Rioseco todavía se pueden ver las ruinas de la iglesia conventual, que, después del traslado al nuevo monasterio, fue la parroquia de Nuestra Señora de Parrales.

Al parecer, como consecuencia de la grave inundación que sufrió el monasterio en 1216, se organizó el traslado a un solar próximo situado en una zona algo más elevada. El traslado a la que sería la definitiva ubicación de esta comunidad cisterciense se hizo en 1236. En el siglo XIV, Rioseco formaría uno de los más potentes patrimonios económicos de los cistercienses castellanos. Seguirían años de penuria y crisis a mediados del siglo XV y años de crecimiento como en el siglo XVII.

Guerra de la Independencia y desamortización
Desde 1808 a 1809 las tropas francesas alojadas en Medina embargaron buena parte de los granos almacenados, y desde este último año hasta el 29 de junio de 1814 los monjes tuvieron que exclaustrarse. Aunque volvieron a él, no duraron mucho ya que, el 29 de octubre de 1820, durante el Trienio Liberal, «los comisarios del gobierno revolucionario tomaron posesión de este monasterio». En pública subasta celebrada en Villarcayo, serían vendidos buena parte de sus bienes. El monasterio quedó sin vender. Abandonado, fue en parte aprovechado por la gente del lugar como almacén, parroquia y cementerio.

En 1855, a falta de licitantes, Francisco Arquiaga, comisario provincial de la subasta, cargó con aquella belleza inútil y desolada. Arquiaga desde el principio cedió el templo para el culto, estando éste magníficamente equipado: retablos, cuadros, órgano, pila bautismal, etc., hasta que su nieta Margarita Arquiaga lo cedió a la Archidiócesis y comenzó su expolio, saqueo y degradación. Según cuentan algunos vecinos del valle, algunas de las estatuas de santos de la orden sirvieron hace años de relleno de la cercana presa del Ebro.

La puerta principal estaba bajo la llamada Torre del Abad. En el siglo XX, tras el abandono del conjunto y debido al expolio de la portada renacentista, se vinieron abajo varias paredes de la torre y hoy ese acceso está inutilizado.1

Su claustro es de estilo herreriano y conserva una preciosa escalera de caracol. Aún se mantienen los muros de la iglesia en pie, y las bóvedas conservan algunos restos de policromía. Su cartulario se conserva en el Archivo Histórico Nacional (códice 91B).


Conservación

Dado su estado de abandono, figura en la Lista roja de patrimonio en peligro, que la asociación Hispania Nostra empezó a elaborar en el año 2006.

Ante la pasividad de las instituciones un grupo de voluntarios, encabezados por el párroco del Valle de Manzanedo, se propusieron salvarlo y la semana del 1 al 6 de agosto de 2011 recuperaron el interior de la iglesia con unos resultados óptimos.2 Del 6 al 12 de agosto de 2012 restauraron parte del claustro. Los trabajos, en los que participaron diariamente casi medio centenar de voluntarios procedentes de localidades del entorno y de lugares como Madrid, Barcelona o Bilbao, tuvo como fin liberar los ojos del claustro, tapiados desde los años 40 del pasado siglo, cuando se alquiló este espacio para guardar ganado y se taparon los arcos para que el ganado no entrara a la iglesia. Estas labores fueron sufragadas con donativos, que permitieron alquilar máquinas de obra para desescombrar los materiales más pesados.

Se ha publicado además el libro Santa María de Rioseco. El monasterio evocado, de Esther López Sobrado. Los beneficios obtenidos con su venta se dedican a la restauración de la sala capitular del monasterio.3 Profesores y alumnos del Instituto de Enseñanza Media Merindades de Castilla de Villarcayo han desarrollado el proyecto «Salvemos Rioseco», premiado por Educación, y como parte del mismo durante los fines de semana de julio y agosto hay visitas guiadas efectuadas por estos alumnos en las que se puede apreciar la mejoría de este monasterio, aún en peligro de desaparecer.

 

 

 

 

Más información en su web: http://monasterioderioseco.com/